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“Nihil sub sol novum” (“No hay nada nuevo bajo el sol”)
¿Más de lo mismo?
Por Escéptico

Si nos atenemos a las mentiras, medias verdades y manipulaciones del pasado y a la actitud tibia, ambigua y confusa del presente, sigue sin despejarse la duda sobre si el manto de aparente firmeza con que ahora se recubre la política antiterrorista, no encubre en realidad un mero paréntesis que permita presentar al partido gobernante un aseado rostro electoral que evite visualizar, al menos temporalmente, el enlodamiento producido por el contacto con el polvo y los charcos del camino.

Cada día resulta mas difícil buscar palabras para calificar y definir lo que hemos visto  desde que en el mes de marzo de 2006 ETA declarase, formalmente, el “Alto el Fuego”, y nuestro Presidente del Gobierno, comenzase a hablar de la “verificación” del mismo” y del subsiguiente y tristemente famoso “Proceso de Paz”. Pero si hay alguna frase que podría resumir lo ocurrido, desde el atentado de Barajas, hasta el momento, esta sería, sin duda: “mas de lo mismo”, aún cuando el breve  paréntesis de los últimos meses, pudiera hacer pensar a los mas desmemoriados que las aguas de la política antiterrorista han vuelto al primigenio cauce del que nunca debieron salir.  

Sin embargo, y a pesar de ese artificial espejismo, los indicios llevan a la conclusión de que el culebrón denominado “Proceso de Paz”, respondía a un guión preelectoral diseñado en sus grandes líneas antes del 14 de marzo de 2004, escrito inmediatamente después, y corregido puntualmente sobre la marcha y cambiando los perfiles de sus personajes, en función del devenir de las circunstancias. Y todo ello, para llegar a un final que pasaba por pactar con ETA, y con el nacionalismo vasco lo que ha venido reivindicando siempre, utilizando para ello un decorado repintado con barniz de palabrerío legalista y democrático, para disimular sus evidentes desconchones.

Quienes, sin que hayamos esnifado en nuestra vida otra cosa que el humo ambiental, hemos asistido, estupefactos, al desarrollo de una  ópera bufa que escenificada día a día ante nuestros ojos, lo que antes solo llegábamos a intuir, enmascarado por un lenguaje político de ambigüedad calculada; llegando finalmente a la convicción de que estábamos asistiendo antes que a un verdadero proceso de paz, sino ante una nueva “guerra” de trincheras semánticas en la que la palabra “paz”, monopolizada y semánticamente prostituida de forma sistemática y deliberada, rediseñaba la línea de separación entre “el bien” y “el mal” y situaba éste último  extramuros del “Proceso”, en función del cual se definían los objetivos, las estrategias, los enemigos o las alianzas.

Y es que los dos bandos que en la lucha antiterrorista siempre habían estado nítidamente delimitados, e integrados, de un lado, por el Gobierno de turno y los principales partidos democráticos  defensores de la legalidad constitucional, y de otro por  la banda terrorista ETA y sus distintos y variados tentáculos instrumentales, han estado, durante el ahora durmiente “Proceso”, parcialmente revueltos y confundidos, dando la sensación de que nos encontrábamos ante una “guerra de Gila”, en la que, no sabiendo muy bien quien era el enemigo, muchos de los “soldados” hubieran decidido combatir  con  uniforme  reversible, mientras otros continuaban luciendo el uniforme reglamentario de toda la vida y sufriendo, entre dos fuegos los ataques de sus eternos enemigos y también el “fuego amigo” de  aquellos que en un pasado reciente fueron sus mejores aliados.

Y como en toda guerra que se precie el primer muerto es la verdad, en esta nueva y atípica  guerra, parte de la cual ha sido librada, y probablemente aún se libra en la mas absoluta oscuridad, las palabras tan solo han servido para contradecir y enmascarar  los hechos y sobre todo, para ocultar las verdaderas intenciones. No queda por tanto mas remedio que repasar estos, para intentar ver el camino recorrido y deducir del punto de partida y del recorrido efectuado, donde nos encontramos actualmente y hacia donde, presumiblemente  pretenden dirigimos.    

Con la llegada a la  Presidencia del Gobierno, de José Luis Rodríguez Zapatero, el “rojo”, como ha llegado a autocalificarse en una entrevista publica da en la revista “Marie Claire”, se inició una nueva estrategia antiterrorista, que solo impropiamente ha podido calificarse de tal; la cual partiendo de una ruptura del consenso político, representado por el Pacto para las Libertades  y  Contra el Terrorismo, que él mismo había impulsado cuando se encontraba en la oposición y que  tan buenos resultados había dado en la lucha contra ETA, se desmarcaba de hecho de lo allí acordado, sin  explicar las verdaderas razones, proponiendo en su lugar, un acto colectivo de fe,  asentado en el frescor de su publicitado talante dialogante, hoy agostado y marchito, y  en su fina intuición política, basada ésta a su vez, en una supuesta información privilegiada sobre la situación interna de ETA, que la mostraba favorable al abandono definitivo de su actividad terrorista. Y todo ello, a pesar de que ETA/Batasuna, tras su denominado “alto el fuego” había mantenido viva su actividad terrorista en sus variadas vertientes, así como, intactas, sus tradicionales reivindicaciones territoriales y soberanistas.

Para que semejante estrategia pudiese llegar a buen puerto, necesitaba, además de nuevos aliados políticos, desactivar la disidencia interna del propio Partido, así como la protagonizada por el principal partido de la oposición, que fiel al espíritu del Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo apostaba por la estrategia continuista que tan buenos resultados había proporcionado. Pero al propio tiempo tal estrategia rupturista implicaba, además, un acercamiento a ETA, mediante concesiones a “la fiera” que permitieran “profundizar” en  un supuesto diálogo con la misma  que habría de conducir al abandono de la actividad terrorista. Para lo cual era preciso neutralizar previamente la fortaleza moral de las víctimas y las organizaciones cívicas que las apoyaban, y sortear las barreras de la legalidad,  controlando la actuación de los Cuerpos de Seguridad y el sistema judicial

No fue difícil encontrar aliados políticos entre grupos minoritarios que bien por afinidad  ideológica, o por promesas favorables a generosos desarrollos autonómicos, avalasen sin rechistar semejante política antiterrorista, favorable a sus intereses programáticos.

Tampoco fue difícil alejar de los órganos de dirección y decisión del Partido a quienes, a pleno pulmón, como Redondo Terreros, Rosa Diez, Gotzone Mora y otros muchos habían apostado y continuaban apostando por la estrategia de derrota de ETA, e incluso otros que, aún con la boca pequeña, eran igualmente críticos con el rumbo del “Proceso”.

Los denodados e infructuosos intentos de amordazar y aislar políticamente al principal partido de la oposición, se iniciaron con el “pacto del Tinell”, demonizando su actuación desde el principio de la legislatura, bajo veladas alusiones, cuando no directas acusaciones de  ultraderechismo y fascismo, bloqueando sus iniciativas parlamentarias mediante la constitución de un sucedáneo de “Frente Popular” y desembocando posteriormente en la conocida doctrina del “cordón sanitario” ; Lo que ha terminado  por convertir, una vez más,  a los miembros de dicho Partido en objetivos prioritarios de ETA, como se ha demostrado tras la detención de los miembros del reconstituido  Comando Donosti.

Aún cuando benévolamente la estrategia descalificatoria contra el principal partido de la oposición, pudiera entenderse como parte de la pugna política partidaria, resulta, sin embargo,  una burla macabra la persistente e injusta actitud de ninguneo e insolidaridad hacia las víctimas del terrorismo etarra, entre las que se cuenta un abundante número de funcionarios en general y de los Cuerpos de Seguridad del Estado en particular; actitud en la frontera del desprecio, si se la compara con la comprensión y condescendiente benevolencia mostrada hacia ETA y su entorno, cuyos atentados eran calificados como “accidentes” y algunos de sus miembros rebautizados como “hombres de paz”.

  De los intentos frustrados para debilitar su fuerza moral mediante la creación del, hoy defenestrado, Alto Comisionado para las Victimas del Terrorismo, con la encomienda del atraerlos a “la causa” y de intentar su división, una vez fracasado el primer objetivo, se pasó,  tras ese nuevo fracaso, a promover su descalificación y estigmatización, presentándolas, como un colectivo de manipulados alborotadores parafascistas contrarios al “ansia  infinita de paz” de nuestro Presidente. Todo ello, como medio de acabar con las picaduras que los aguijones de tan molestas “moscas cajoneras” proporcionaban a las conciencias adormecidas de quienes desde el otro lado de la pantalla contemplaban el espectáculo, bostezando ante un culebrón que, aún hoy, parece no tener fin.

Que lejos quedaban aquellas buenas intenciones para con las víctimas del terrorismo que nuestro actual Presidente propuso y suscribió, en lo que recientemente nuestra insigne vicepresidenta llamó despectivamente “papelito”.

Respecto a las victimas, el denominado “papelito” y antes de forma más solemne, “Pacto por las libertades y contra el terrorismo” decía: .../...  “Sabemos que la democracia nunca podrá devolverles lo que han perdido, pero estamos dispuestos a que reciban el reconocimiento y la atención de la sociedad española”.../... Debemos esforzarnos por preservar su memoria, por establecer un sistema de atención cotidiana y permanente. Su colaboración con la sociedad española en la batalla contra el terrorismo sigue siendo necesaria ya que nadie mejor que las víctimas para defender los valores de convivencia y respeto mutuo que quieren destruir aquellos que les han infligido tal sufrimiento”.

Tales palabras eran ratificadas íntegramente en la Resolución que en mayo de 2005 que el Grupo Socialista presentaba en la mesa del Congreso, posteriormente aprobada por el mismo.  Si ETA/Batasuna no había cambiado, ni sus objetivos ni en su estrategia terrorista, como se venía demostrado desde su declaración de alto el fuego y el principal Partido de la oposición continuaba  reivindicando el cumplimiento del Pacto por las libertades y contra el terrorismo,     ¿Qué había cambiado para que, “de facto”, tan bonitas palabras y deseos hubieran dejado de estar vigentes para nuestro Gobierno y para el partido que lo sustenta?

A los desplantes a las víctimas y los oídos sordos al clamor popular manifestado en la calle, se sumaba el escarnio añadido del trato favorable a ETA/Batasuna y a sus reivindicaciones, sin reparar en medios, como la internacionalización del “conflicto” solicitando el aval del Parlamento Europeo para la negociación con ETA, o con la instrumentalización de la Fiscalía y la Justicia a favor de su forma de entender el “proceso de paz”, que llegó incluso a incrementarse, tras el atentado de Barajas, hasta el punto del provocar un inédito enfrentamiento entre ambas instituciones, con motivo del “trato de favor” a Otegui por parte de la Fiscalía , y del tratamiento dado a la huelga de hambre del etarra de Juana Chaos.

Y mientras tanto, los dirigentes de Batasuna, como brazo político de ETA, no dejaban ni un  momento de reivindicar, libertad para sus presos; la derogación de la Ley de Partidos políticos y la legalización de Batasuna ; así como el  reconocimiento de la existencia de un conflicto político entre el Pueblo Vasco y el Estado Español y la creación de una mesa de partidos para resolver dicho conflicto pactando la  autodeterminación y la anexión de Navarra; y todo ello, sin realizar la mas mínima condena de la violencia de ETA y sin la renuncia de esta a continuar con su actividad terrorista, aunque limitando estratégicamente su intensidad hasta el atentado de Barajas .

Por su parte, además de los silencios, ambigüedades y medias verdades; las dilaciones,  comprensiones, y concesiones que permitieron a Batasuna y a ETA campar a sus anchas, como nunca., el Gobierno y los partidos

que lo sustentaban, mantenían, por distintas vías, una enconada persecución cuasi neroniana contra todos aquellos que, como los colectivos de víctimas no compartían una estrategia política que era percibida mas como “pro” que como “anti”-terrorista.  Quien discrepe de tal afirmación, que le pregunte a los tumefactos cojones, con perdón, del miembro del Foro de Ermua, Antonio Aguirre, imputado, para mayor escarnio, por desórdenes públicos, tras ser agredido públicamente en las mismas puertas del Palacio de Justicia de Bilbao cuando acudía junto a otros  miembros de dicho Foro, al Juicio que se celebraba contra el Lendakari Ibarretxe por su reunión con Batasuna, en el que dicha Organización ejercía la Acusación Particular.  

El atentado de Barajas, lejos de  disuadir al Gobierno de continuar con la negociación que, según todos los indicios, mas tarde confirmados por el propio Presidente del Gobierno, se traía entre manos hasta ese momento, mas parece haberle forzado a pisar el acelerador de las concesiones en busca de una ansiada declaración de Batasuna/ETA, que permitiese salvar la cara y mantener la continuidad del que  iba camino de convertirse, a imagen y semejanza del médico de Moliere, en un “Proceso de Paz a palos” sobre las espaldas de la Ley, la Justicia, los Cuerpos de Seguridad, las víctimas y contra una gran mayoría de ciudadanos que reclamaban la recuperación de la política antiterrorista anterior.

Sin que nuestro Ministro del Interior terminase, de verificar de una puñetera vez el tan cacareado alto el fuego de ETA, como los acontecimiento demostrarían poco después, nuestra democracia ya había pagado un alto precio político, al romperse el consenso de la política antiterrorista con el abandono del Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo; al provocar la marginación, indignación y confusión de las víctimas y de muchos ciudadanos; al promover la internacionalización del conflicto; Al defraudar el espíritu de la Ley y al provocar, mediante la instrumentalización de la Fiscalía, en favor del “Proceso” un esperpéntico e inédito enfrentamiento  entre dicha institución y los jueces;  Y al desacreditar las resoluciones del Tribunal Supremo otorgando, de facto, a un partido ilegalizado por aquel, por formar parte de ETA, la condición de interlocutor político y poco menos que patente de corso para actuar como pregonero público de las reivindicaciones de la banda terrorista Todo ello sin olvidar la esperpéntica actuación que ha permitido la continuidad política del PCTV y el fraude electoral de las listas de ANV en las pasadas elecciones municipales, favoreciendo, una vez más el escarnio de la financiación, del entramado etarra por sus propias víctimas, tanto reales como potenciales..

Aún cuando algunos interesados o bienpensantes pudieran calificar el precio político, ya pagado, como simple calderilla, lo cierto es que nuestro Gobierno lo ha pagado hasta ahora,  a cambio de nada, y hoy ni tan siquiera puede esgrimir aquel falaz y perverso argumento consistente en restregar hasta la saciedad a los críticos del “Proceso” que ETA no había cometido atentados ni estaba en disposición de cometerlos.

Si nos atenemos a las mentiras, medias verdades y manipulaciones del pasado y a la actitud tibia, ambigua y confusa del presente, sigue sin despejarse la duda sobre si el manto de aparente firmeza con que ahora se recubre la política antiterrorista, no encubre en realidad un mero paréntesis que permita presentar al partido gobernante un aseado rostro electoral que evite visualizar, al menos temporalmente, el enlodamiento producido por el contacto con el polvo y los charcos del camino.

La no recomposición del pacto antiterrorista (“el papelito”) roto con el inicio de la negociación con ETA; la negativa reiterada a anular la autorización parlamentaria para la negociación con la Banda; el mantenimiento de una actitud fría y distante con las víctimas del terrorismo; la pasividad ante la violación flagrante de la Ley de Banderas en Ayuntamientos gobernados por nacionalistas e incluso por partidos coaligados o federados con el que ostenta el Gobierno; la minimización por nuestro Ministro del Interior del reciente atentado en Francia contra dos miembros de la Guardia Civil asimilándolo inicialmente poco menos que a un accidente laboral; la descafeinada y vaga declaración de compromiso respecto a una futura negociación con ETA, emanada de la reciente Conferencia Política del Partido gobernante; la escenificación de la ilegalización del PCTV y ANV en el último minuto anterior al pistoletazo de salida de la concurrida carrera hacia la Moncloa, o el inconsciente patinazo protagonizado por uno de los muñidores de la negociación, el secretario general de los socialistas guipuzcoanos, Miguel  Buen, inmediatamente rectificado por virtud de las urgencias electorales, constituyen  pequeños detalles, que no deberían pasar desapercibidos y que, en cualquier caso ponen de  manifiesto que, como en la célebre canción del olvidado Peret, “el muerto” ni está muerto, ni su truculento entierro tiene nada que envidiar al del hoy también olvidado Paesa.

Como ya dijera  el sabio Salomón: “Nihil sub sole novum”  (“No hay nada nuevo bajo el sol”)

 
 
© Sindicato Profesional de Policía. 2008