
“La historia se repite una vez como tragedia y después como farsa” (Marx)
La batalla de Málaga
Por Fernando Vivas
Decía Gregorio Marañón que “aunque la verdad de los hechos resplandezca, siempre se batirán los hombres en la trinchera sutil de las interpretaciones”, y yo sostengo que para evitar la verdad algunos hombres se entretienen interpretándola. Al hilo de esta reflexión me pregunto: ¿Por qué lo que está en boca de todos, no puede ser objeto de comentario público, sin más finalidad que la de preguntar para que alguien nos conteste? El “queremos saber la verdad” que se viene repitiendo hasta la saciedad en los últimos tiempos, ¿por qué no puede valer para nosotros los policías? Con el riesgo asumido de ser criticado por algunos meapilas, “salvadores” de la patria, me atrevo a exponerlas.
Hay veces que una operación es más recordada por sus efectos colaterales, que por los resultados propiamente dichos.
La batalla de las Termópilas es más conocida por el coraje de los 300 espartanos de la guardia real del rey Leonidas I, que por la derrota que sufrieron a manos de los miles de persas de Jerjes I.
La Operación León Marino, puesta en marcha por Hitler con la imprescindible colaboración de su segundo hombre en el III Reich, Hermann Göering, comandante de la Luftwaffe, con sus mas de 1.000 bombarderos y 700 cazas, intentando acabar con la superioridad aérea de la Royal Air Force (RAF) de Winston Churchill, preparando el terreno para que el resto de la Wehrmach, con sus cerca de 7 millones de efectivos, invadiera Gran Bretaña, ha pasado a la historia, no porque finalmente el dictador alemán, vegetariano y ecologista, consiguiera doblegar a la poderosa aviación británica en la conocida como Batalla de Inglaterra, que no lo consiguió, sino porque con su amenaza de invasión logró mantener durante bastante tiempo una presión psicológica sobre el pueblo y el gobierno inglés, al tiempo que le permitió encubrir los planes de su otra gran obsesión, ocupar Rusia. La Batalla de Inglaterra pues, eclipsó a toda la Operación León Marino.

Buscando el símil, se me viene a la cabeza otro animal marino y una operación: la “Operación Ballena Blanca”, y sin saber porqué, de inmediato, Jesús Gil, Julián Muñoz, la Pantoja, Isabel García Marcos, Marisol Yagüe, Maite Zaldivar, Carlos Fernández…, el “Caso Malaya”, que me llevan a plantear algunas preguntas que muchos se hacen y que no por crudas hay que obviar, como algunos pretenden. 
Para empezar: ¿Porqué lo que está en boca de todos, no puede ser objeto de comentario público, sin más finalidad que la de preguntar para que alguien nos conteste? El “queremos saber la verdad” que se viene repitiendo hasta la saciedad en los últimos tiempos, ¿porqué no puede valer para nosotros los policías? Con el riesgo asumido de ser criticado por algunos meapilas, “salvadores” de la patria, me atrevo a exponerlas. Veamos.
Comentaba al inicio que la historia se ha encargado de demostrar que hay operaciones que han pasado a sus anales, más por otros acontecimientos paralelos o efectos posteriores, que por el resultado final de las mismas. Los ejemplos expuestos son tan solo una pequeña demostración de lo que mantengo. ¿Por qué hechos o circunstancias pasarán a la historia, en el ámbito policial, es decir, de puertas para adentro, esos dos grandes servicios, Ballena Blanca y Malaya? ¿Por el número de detenidos? ¿Por lo que la investigación ha supuesto de innovación en la metodología policial? ¿Por la implicación de personajes de la farándula y el papel couché?... Quizás por todo eso y algunas cosas más, iniciales incluidas. Pero eso será para la historia de la calle, para la historia de los medios de comunicación… Para la historia interna, la de los pasillos de la Jefatura Superior de Policía de Granada y para los de la Comisaría de Málaga, estas encomiables operaciones policiales que de tanto orgullo nos han llenado a los que creemos en una Policía eficaz, preparada, moderna y valiente, capaz de dar respuestas como estas a una corrupción que nos invade, pasarán a los anales de su amplio y brillantísimo currículo, forjado por los cientos de policías que a lo largo de su existencia han sudado la camiseta, porque fueron la causa de una extraordinaria pugna por quién se hacía con el mando policial de la Comisaría malagueña. Estas dos extraordinarias operaciones, Ballena Blanca y especialmente el Caso Malaya, fueron el detonante, la causa, el origen, cual asesinato en Sarajevo del archiduque Francisco Fernando de Austria, para la Primera Guerra Mundial, o la invasión de Polonia para la Segunda, de lo que pasará a la historia como “La batalla de Málaga”.
Dos bandos enfrentados hasta límites inexplicables. Unos apoyando la sucesión natural de quien aguantó la responsabilidad y dio la cara ante los continuos vacíos en el despacho de un comisario provincial, que más que comisario policial lo era político, más preocupado por lo que se cocía en la Plaza de la Aduana o en la de la Marina, que por lo que realmente le tenía que preocupar. Era la facción capitaneada por Luis de Haro, Jefe Superior de Granada, también político más que policía, socorrista y con el curso básico de Windows 95, entre otros méritos. Por otro, las huestes del propio Comisario General de Policía Judicial, Juan Antonio González, que metió cizaña, no se sabe bien por qué, y nadie nos lo ha explicado, lo que despertó todo tipo de especulaciones y suspicacias, para que, como al final resultó, fuese su protegido el que se llevara el gato al agua.
Se enfrentaron dos bandos llamados “los políticos” y “los profesionales”. No se sabe muy bien quienes son unos y otros. Unos, los “granaínos”, contaban con la inestimable colaboración de la vicepresidente De la Vega. Los otros, los “murcianos”, con la del mismísimo ministro del Interior. Qué poderío. Más igualdad no cabe. Cuentan los caimanes de moqueta, los más allegados al parquet de la batalla, de auténticas noches de cuchillos largos. Lo que no sabemos es quienes fueron Goebbels y Goring, pero lo cierto es que, con el runrún de la operación Malaya de fondo, al anterior comisario provincial lo purgaron denegándole una segunda actividad con destino, impidiéndole asesorar al subdelegado del Gobierno que era lo pactado como pago a los servicios prestados, y por otra parte a los máximos responsables de aquellas investigaciones los mandaron a galeras a fortalecer sus espíritus. Lo siento por los segundos. La dignidad, como la energía, ni se crea ni se destruye. Vendrán tiempos mejores. |